En el sistema de salud público chileno, el trasplante pulmonar se concentra en un solo lugar: el Instituto Nacional del Tórax. Ahí convergen pacientes en estado crítico, equipos especializados y decisiones que no admiten margen de error.
En el Día Mundial de la Donación de Órganos y Tejidos, el foco no está en la fecha, sino en entender cómo funciona este proceso: desde la preparación clínica hasta el momento en que una familia toma una decisión que puede cambiarlo todo.
Capacidad instalada y desarrollo clínico
El Instituto es actualmente el único centro público que realiza trasplantes pulmonares en el país y uno de los tres que trasplanta corazón. Esa posición no es declarativa: implica sostener estándares clínicos exigentes, equipos entrenados y una evolución constante en técnicas y procedimientos.

La Dra. Begoña Yarza, Directora del INT, lo plantea en términos concretos: “Somos el único centro público que trasplanta pulmón y uno de los tres que trasplanta corazón en Chile. Eso nos obliga a hacerlo bien y a incorporar tecnologías que mejoren los resultados”.
Un ejemplo de ese avance es la implementación, en mayo de 2025, del primer procedimiento ex vivo en trasplante bipulmonar del país. Esta técnica permite evaluar y optimizar la función de los pulmones fuera del cuerpo antes del implante, ampliando las posibilidades de éxito.
Lo que no se ve: el proceso previo
El trasplante no empieza en pabellón. Empieza mucho antes. La Dra. Linacre, Jefa de la Unidad de Trasplante, lo resume sin adornos: “El éxito depende de un proceso largo. Los pacientes pasan por una preparación intensiva, con kinesioterapia dos veces al día, para llegar en la mejor condición posible”.
Ese trabajo previo —sistemático, exigente y silencioso— es lo que permite que el resultado final no sea solo clínicamente exitoso, sino también funcional: volver a caminar, a moverse, a vivir sin la limitación de la falta de aire: “Ver a un paciente retomar su vida cotidiana después de no poder respirar es algo que no se dimensiona hasta que ocurre”, agrega.
Una historia que aterriza todo
Angelina Miranda, paciente trasplantada de corazón en el Instituto, pone rostro a ese proceso. “Sentir que mi corazón late de nuevo es volver a nacer”, cuenta. Pero más allá de la cirugía, destaca algo menos visible: el acompañamiento. “Me sentí cuidada en todo momento. No es solo un equipo médico, es un equipo humano”.
Hoy, su testimonio no busca solo agradecer, sino también instalar una conversación necesaria: la donación.
Datos que importan de nuestro Instituto
- Es el único centro público de salud que realiza trasplantes pulmonares en Chile.
- Es uno de los tres centros en el país que realiza trasplante cardíaco.
- Está implementando la tecnología ex vivo para optimizar órganos.
- Tiene un enfoque multidisciplinario: kinesiología, salud mental y nutrición integradas.
El punto crítico: la decisión que se conversa antes
A pesar de la capacidad instalada, el límite no está en el sistema, sino en la disponibilidad de órganos. Más de 2.000 personas esperan un trasplante en Chile. Aquí el punto es concreto: la donación no parte en el hospital, parte en la casa.
Cada familia debería tener una conversación explícita sobre esto: si cada integrante quiere o no ser donante. No como una suposición, no como “yo creo que…”, sino como una definición clara.
La Dra. Begoña Yarza lo plantea directamente: “La legislación existe, pero la decisión sigue pasando por las familias. Esa conversación no siempre ocurre, y ahí está el principal desafío”.
¿Por qué es clave? Porque cuando no se ha hablado, la familia tiene que decidir sin saber cuál era la voluntad real de esa persona. Y en ese escenario, muchas veces se opta por no donar. Por eso, el llamado es simple y concreto: decirlo en vida y dentro de la familia. Dejar claro si se quiere donar o no. Porque si llega el momento, lo que corresponde no es interpretar, es respetar esa decisión.
En ese punto, todo el sistema —tecnología, equipos, experiencia— depende de algo básico: que esa voluntad haya sido dicha y pueda ser cumplida.



