Llegaron temprano. Con pancartas hechas a mano, poleras verdes, gorros, bloqueador solar y, sobre todo, con una convicción compartida. Eran personas trasplantadas, familiares de donantes, familias completas con niños y mascotas, amigas y amigos de quienes hoy esperan un pulmón, un riñón, un hígado o un corazón. Todas y todos
Seguir leyendoCaminar para dar vida: cuando la donación de órganos se hace visible en la calle
